La Patria Ocupada
Se ha instalado como máxima autoridad administrativa y como líder supremo del monopolio de la violencia, a un individuo que es en extremo violento y sanguinario, apologista del genocidio y amigo de genocidas, y cuya experiencia en administración ha sido, precisamente, la gestión, la organización y la extracción de lucro a partir de actividades violentas. Este mismo individuo ha amenazado con asesinarme a mí y a millones de personas más. Frente a esta realidad, guardar silencio es equivalente al suicidio.
Este individuo, quien ahora es, repito, el máximo líder de las Fuerzas Militares, es también un ciudadano que ha jurado lealtad en armas a una potencia militar extranjera. Por lo tanto, en la práctica, el Ejercito Nacional ha firmado su rendición. La poca soberanía que se tenía, se ha perdido. Ya eramos ciudadanos de una República que depende de las potencias extranjeras en todos sus procesos críticos, basta con un par de comandos en un computador para hacer caer todo nuestro sistema de telecomunicaciones, interferir el sistema electoral o dejar inútil el sistema financiero, y todo lo demás con él. Siendo así, la instalación de este ciudadano extranjero en el poder ejecutivo, no es más que la forma en la que nos recuerdan cuál es nuestro lugar en la jerarquía global. Es la forma en la que tratan de mantener el orden de las cosas. Es la forma en la que nos aleccionan para que no se nos ocurra salirnos de los margenes que se nos han trazado y que, según las potencias militares y financieras, debemos seguir sin chistar.
Y, no siendo suficiente con la humillación de la rendición total del Estado, el títere que se les ocurrió poner a las élites, además de ser un zángano sanguinario, es un bufón de mala muerte, lleno de inseguridades evidentes, acomplejado de su cuerpo, y, por sobre todo lo demás, un hambriento de adulaciones y ostentoso exhibicionista de riquezas mal habidas. Y son esas mismas características tan detestables las que le llevarán a este títere a confiarse, le llevarán a tomar decisiones imprudentes y temerarias, le llevarán a un punto en el que quedará en evidencia que los cimientos de su pírrica victoria se tambalean, pues son falsos, tan falsos como su propia imagen y personalidad. Ingenuamente, se atreve a ir con su repugnante espectáculo a la ciudad que mayor rechazo le tiene, se atreve a ir a la capital de la resistencia civil a decretar sus ordenes de punitivismo paramilitar y de Estado policial, se atreve a ir a la capital mundial de la biodiversidad a decretar sus ordenes ecocidas en plena catástrofe climática, se atreve a ir a congraciarse con el dirigente local más repudiado por los ciudadanos: pues es un príncipe déspota miembro de la familia feudal que se cree dueña de la ciudad.
La falsedad del títere se esconde detrás de un aparato de propaganda cuyos engaños son vociferados por un ejercito de mercenarios e idiotas útiles. Fracasamos rotundamente al no ser capaces de disputarles la opinión pública a esos debilitadores sociales. Han tenido vía libre por años y se han aprovechado de los vacíos emocionales e intelectuales de los ciudadanos. No hemos sido capaces de controvertir sus ideas con contundencia. Hemos permitido que nuestros hermanos, amigos y conocidos sean presas fáciles y dóciles. Nos dimos cuenta muy tarde de que el fascismo se nos había colado y que sus imposturas eran alabadas en los comedores de las casas. La propaganda abrumadora llevó a un gran número de personas a elegir al títere que los desprecia. Pero también, otro segmento de la propaganda, llevó a otro gran número de personas a la inacción. Con discursos de impostores intelectuales, que se atribuyeron a sí mismos modestia y mesura, haciendo uso de falsas equivalencias y de profundancias huecas, convencieron a los ciudadanos de que lo mejor era no hacer nada y quedarse en casa, logrando así su calculada tarea de erosión de las conciencias. Así, personas que podían hacer la diferencia, terminaron dándole vía libre al monstruo que nos amenaza.
Es el momento de eliminar la autocensura y retar a la censura, es el momento de disputar la opinión publica a los ya mencionados adversarios. Aquellos en los que se incluyen: economistas seudocientíficos, mercaderes de la fe, falsos periodistas a sueldo, y los siempre impunes vendedores de profundancias. Debemos provocar una avalancha de ideas contundentes y de opiniones certeras. Debemos construir un aparato de redundancia comunicativa y descentralizada que le haga frente a la propaganda fascista, a la manipulación de la información y a la destrucción del conocimiento. Esto es indispensable para que cualquier esfuerzo futuro, en el que las ideas se materialicen en acciones, tengan el respaldo de la mayoría de la ciudadanía. No puede ser tarea de unas pocas personas, pues serán blanco fácil de la represión. Debe ser la tarea de millones de personas. Cada uno debe alzar su voz. Cada uno debe tomar las herramientas que mejor le parezcan, en las que se considere más fuerte, y debe dar la batalla de las ideas, sin limitarse a la simple reproducción de contenido creado por otros, sino a la creación de uno propio. Cada uno debe hacer su campaña, nuestra campaña, campaña permanente, allá en todo lugar y en cada pequeño rincón de La Patria Ocupada.