Posesión
La Patria ha sido poseída por el espíritu de la Ostentosa Ignorancia. El espíritu toma forma humana en el cuerpo de un personaje minúsculo e insípido, uno que intenta compensar la debilidad de sus ideas con abruptas y desafinadas subidas de voz entonadas a destiempo. Se le traba la lengua cuando lee y se le escurre la banda que le queda grande. Su corbata se desajusta conforme el espectro de la Ostentosa Ignorancia completa la posesión de su cuerpo. El espíritu se manifiesta en cada palabra, en cada movimiento y en cada gesto. La bruma que lo acompaña llena el espacio en el que se despliega su mediocre obra de teatro. Los asistentes, que también son ostentosos ignorantes, respiran y sienten esa fétida bruma, mientras celebran la posesión de aquel que, resulta ser, un frustrado cantante.
Se hace evidente por qué fueron frustradas las aspiraciones artísticas del poseído: carece de toda destreza interpretativa para desempeñar papeles creíbles. Ni siquiera añadiéndole trucos baratos de magia circense, para aparecer y desaparecer del escenario, puede contrarrestar su pobre interpretación. Por muchas luces, sonidos, colores y disparates que le acompañen, es imposible llenar el vacío de su hueco interior, es un actor sin alma. Pero como un ostentoso ignorante no anhela la riquísima satisfacción de la creación artística en sí misma, sino que lo que busca es la adulación y la chabacanería de la farándula, bien puede adoptar otros medios para alcanzar tales fines.
El poseído en cuestión no llegó aquí gracias a sus talentos artísticos, pues no los tiene, sino que llegó aquí gracias a otros talentos más a su alcance, unos talentos ruines y despreciables. En la búsqueda de una riqueza que le permitiera simular sus infantiles sueños, tomó los caminos más turbios de la estafa, la violencia y la subyugación a los poderes establecidos. Es decir, se humilló tanto, hizo tantos turbios mandados, y quedó tan untado hasta la frente, que ahora se le recompensa como se le recompensa a un infante malcriado: con payasos, con música chirriante, con comida mal sana, con espectáculos de luces y de sonidos, fuegos artificiales, y reuniendo a sus amigos maleducados, para que le aplaudan y le feliciten.
Al espíritu de la Ostentosa Ignorancia no le gusta estar solo, siempre va acompañado por los espíritus santos. Estos otros intentan darle validez a la ignorancia a través de rituales de apariencia benevolente, pero que no son más que la materialización de la hipocresía. Pues, cuanto esos espíritus santos toman posesión de los hombres, son capaces incluso de profanar los, esos si, santos de verdad: cuerpos de los niños. Son capaces de motivar, azuzar y celebrar la limpieza étnica y el genocidio de pueblos enteros. Son capaces de demandar la sumisión de las mujeres, el sometimiento de las culturas, y la intromisión de sus represivas fantasías en la vida intima de los ciudadanos. ¿Será por esto que, mientras la posesión se consumaba, y mientras los ciudadanos estaban en una suerte de toque de queda, empezaron a arder las llamas del infierno a los alrededores?
En el bajo mundo de los espíritus no hay lealtad ni favores que se queden sin cobrar. Los espíritus no se mueven solos, van atados de hilos muy finos que son manipulados por oscuros personajes. Es por eso que, el poseído, luego de completar su posesión, anuncia la ejecución de sus mandados: El sacrificio de los recursos naturales, la exoneración del pago de tributos a sus titiriteros, la militarización de la vida cotidiana, la paranoia digital, el sacrificio de seres humanos en guerras inútiles, la austeridad para los pobres, y la entrega de los cuerpos y las mentes de los niños a los espíritus santos. Así es como avanza la posesión en la Patria Ocupada.